Friday, February 9, 2018

lost sheep/cordero perdido


Maybe she never had a chance; maybe she did, but didn't take it. Either could be true. Or both.

Maybe the chance came along and she just didn't know what to do with it.

Hold that tension as you gaze upon her coffin, ceremonially blessed with sage and covered with a Pendleton blanket. Hold the picture you picked up when you entered the church ~ you can't seem to put it down. Your eyes jump between the coffin and the picture. Oh, that picture! She looks about 13, wearing a gaudily striped dress that just screams 1970. Smiling the awkward grin of adolescence, she looks happy and her eyes are sparkling. That's what takes your breath away: her eyes ~ bright eyes that were long gone by the time you met her as she roamed the streets of Downtown, looking for the next fix. Bright eyes that began to fade the very first time she felt the sweet rush of heroin in her veins, the sweetness soon morphing into despair and degradation. Bright eyes that died so many years before her body took its last breath.

Bright eyes. Dead eyes.

You look again at the picture. Was it her Confirmation? She is standing in front of a picture of The Good Shepherd. And as the liturgy goes on, you start to have a little chat with your friend Jesus. Because seriously, it doesn't look like he managed to find this lost sheep, at least not while she was walking this good earth. (Clearly you have been to way too many funerals like this, for lost sheep like her). You can feel Jesus rolling his eyes at you, because he knows that you know that getting found is no simple, easily explained thing. So you give him the benefit of the doubt, since you know him to be crafty and full of surprises. Even so, the talk of eternal life and consolation from the pulpit rings hollow.

Your mood starts to lift, though, and you find yourself being naughty as the mass moves on, whispering stories in the pew with a couple of pals who had also experienced her amazing ability to tell people to fuck off. In a calm monotone, with just a hint of native lilt, it would go like this:

Do you have a cigarette?
You know I don't smoke.
Well, fuck you.

You're going to have to leave Nativity House today. There's no drug dealing here.
Yeah, well I wasn't doing anything. Fuck you.

You remember how she never, ever raised her voice. It was the most measured, calm, "fuck you" that you'd ever heard. And you have heard a few.

You wonder how to honor a life so tragic, so seemingly wasted. As the Eucharistic Prayer starts you find yourself pondering: Where is the meaning in all this? Did she, in her own imperfect way, witness to you, in your own imperfect way, the pain of her people? Fighting, wailing, sinking, keening ~ but also surviving, blessing, celebrating. And reminding everyone that if you look at the mountain, look with your soul, you see not Mt. Rainier, but Tahoma, their mountain; and out on Puget Sound, your spirit remembers that you are really on the Salish Sea, their sea; and if you close your eyes and listen you can hear the drums and sense the beauty, then and now. You think of the water protectors at Standing Rock and in Tacoma and Vancouver, and you know that the struggle continues. . .

She was born on the Blackfeet Reservation in Montana, but lived most of her life near the Salish Sea. That's where you picture her as you return from Communion ~ in a canoe, rowing with confidence, Jesus behind her. Her voice is now strong and clear, though still with the lovely native lilt. She faces her demons head on, telling them in no uncertain terms:  Fuck off, Despair! Fuck off, Heroin! I've got Jesus in this fuckin' canoe, and we are heading out to sea!

In honor of Grace, 1957-2018. Go well, my friend!

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cordero perdido


Quizá nunca tenía una oportunidad; quizá la tenía, pero no la aceptó. Cualquiera de las dos podría ser la verdad. O ambas cosas.

Quizá llegó la oportunidad, y no sabía qué hacer con ella.

Mantén esa tensión mientras contemplas su ataúd, ceremonialmente bendecido con salvia and cubierto con una cobija Pendleton. Sujeta la foto que recogiste cuando entraste a la iglesia ~ algo no te permite dejarla. Tus ojos saltan entre el ataúd y la foto. Ay, esa foto! Ella parece tener unos 13 años, llevando un vestido de rayas que parece anunciar que son los 70s. Sonriéndo la torpe sonrisa de la adolescencia, parece feliz y sus ojos están brillando. Eso es lo que te quita el aliento: sus ojos ~ ojos brillantes, perdidos desde hace mucho tiempo cuando tú la conociste por primera vez, vagando por las calles del Centro, buscando el proximo chute. Ojos brillantes que empezaron a desaparecer cuando sintió por primera vez la dulce ráfaga de la heroína en sus venas, la dulzura transformándose pronto en la desesperación y la degradación. Ojos brillantes que murieron tantos años antes de que su cuerpo dio el último aliento.

Ojos brillantes. Ojos muertos.

Otra vez miras la foto. ¿Fue tomada cuando la confirmaron? Está enfrente de un cuadro del Buen Pastor. Y mientras sigue la liturgía, empiezas a charlar con tu amigo Jesús. Porque francamente, no parece que logró encontrar a este cordero perdido, por lo menos no cuando caminaba en esta tierra buena. (Obviamente, has asistido a demasiados funerales como éste, para corderos perdidos como ella.) Puedes sentir que Jesús pone los ojos en blanco, pues él sabe que tú sabes que esto de ser encontrado no es nada sencillo o facilmente explicado. Así que le concedes el beneficio de la duda, porque sabes que es astuto y lleno de sorpresas. Aun así, las palabras acerca de la vida eterna y la consolación que vienen del púlpito suenan falsas.

Empieza a mejorar tu estado de ánimo y te encuentras portándose mal mientras sigue la misa, susurrando recuerdos en el banco de iglesia con unos amigos que también habían experimentado su habilidad asombrante de decirle a la gente, "Chinga tu madre". Con una monotonía calmada, con un poquito del acento nativo, así lo hacía:

¿Tienes un cigarro?
Ya sabes que no fumo.
Pues chinga tu madre.

Vas a tener que salir de Nativity House hoy. No se permite vender drogas aquí.
Pues, yo no hacía nada. Chinga tu madre.

Recuerdas como nunca alzaba la voz. Era la más calmada, controlada "Chinga tu madre" que jamás habías oído. Y has oído muchas.

Te preguntas cómo honrar una vida tan trágica, aparentemente desperdiciada. Mientras empieza la Oración Eucarística, te encuentras pensando: ¿Dónde está el significado en todo esto? Es posible que ella, a su manera imperfecta, te dio testimonio a ti, a tu manera imperfecta, del dolor de su gente? Luchando, llorando, hundiéndose, lamentando ~ pero también sobreviviendo, bendiciendo, celebrando. Y recordándonos: que si miras a la montaña, miras con tu alma, no ves a Mt. Rainier, sino Tahoma, su montaña; y en Puget Sound, tu espíritu recuerda que estás en la Mar Salish, su mar; y si cierras los ojos y escuchas puedes oír los tambores y sentir la belleza, del pasado y ahora. Y piensas de los Protectores Indígenes del Agua en South Dakota y Tacoma y Vancouver, y sabes que la lucha sigue . . .

Nació en la Reservación Blackfeet en Montana, pero vivió la mayoría de sus vida cerca de la Mar Salish. Y es ahí donde la imaginas mientras regresas a tu asiento después de la comunión ~ en una canoa, remando con confianza, Jesús detrás de ella. Su voz ahora es fuerte y clara, pero mantiene el sabor nativo. Se enfrenta a sus demonios, diciéndoles, sin dejar ningún lugar a dudas: ¡Chinga tu madre, Desesperación. ¡Chinga tu madre, Heroína! Yo tengo a Jesús en esta pinche canoa, y vamos rumbo a la mar!

En honor a Grace, 1957-2018. Vaya con Dios, Amiga!


Saturday, December 30, 2017

you fill in the blank/tú llena el espacio

Herod ordered the massacre of all the boys two years old 
and under in Bethlehem and its environs ... 
What was said through Jeremiah 
the prophet was then fulfilled:
"A cry was heard at Ramah
sobbing and loud lamentation;
Rachel bewailing her children;
no comfort for her, since they are no more."
Matthew 2: 16, 18

Photo credit: Stella Jaring

We see him every morning
as we walk in silence to Birkenau
place of nightmares and darkness and fear
the very worst of what human beings can do to each other

the little ginger kitten who crosses our path
knows nothing of this
he only knows that this rail car
(preserved so that people will never forget
never forget)
is a marvelous jungle gym
just across the path from his house

jumping and climbing and exploring
on this incredible toy of his
then trotting back to his children
who pet and love and delight in him
who swing and slide and giggle in their yard
just across the path from the rail car
mirroring the faces of the wee ones
carried to their deaths
never forget
never forget

Life is beautiful
life is terrifying
life is mystery
rolled into joy into horror into trust into grief into
a little orange kitten
playing on a death wagon
oh so many years later
to remind us that __________

well, you fill in the blank.


tú llena el espacio

Herodes mandó matar a todos los niños menores de dos años
que había en Belén y sus alrededores ...
Entonces se vio realizado lo que anunció el profeta Jeremías:

En Ramá, se oyeron gritos, grandes sollozos y lamentos.
Es Raquel que no quiere consolarse porque llora a sus hijos muertos.
Mateo 2: 16, 18


                            Foto de Stella Jaring

Lo vemos todas las mañanas
mientras caminamos en silencio a Birkenau
lugar de pesadillas y oscuridad y terror
lo peor de lo que los seres humanos pueden hacerse el uno al otro

el gatito anaranjado que cruza nuestro sendero
no sabe nada de esto
sólo sabe que este carro de ferrocarril
(preservado para que la gente jamás olvide
jamás olvide)
es un juego infantil maravilloso
al otro lado del sendero de su casa

saltando y subiendo y explorando
en este increíble juguete
luego corriendo a sus niños 
que lo acarician y aman y se deleitan en él
que columpian y resbalan y rien en su patio 
justo al otro lado del sendero del carro de ferrocarril
reflejando las caras de los pequeños
llevados a sus muertes
jamás olvide
jamás olvide

La vida es bella
la vida es horrífica
la vida es misterio
envuelto en alegría en horror en confianza en duelo en
un gatito anaranjado
jugando en un carro de muerte
tantos años después
para recordarnos que __________

pues, tú llena el espacio.






Tuesday, December 19, 2017

You're a mean one, Mr. Trump

(with apologies to The Grinch)


You're a mean one, Mr. Trump.
You really are a heel.
You're as cuddly as a cactus, you're as charming as an eel.
Mr. Trump,
You're a bad banana with a greasy black peel!

The man who was elected President by the Electoral College (not the people) thought it would be a good idea to ignore the 5th anniversary of the Sandy Hook Elementary School Massacre. Nicole Hockley, mother of one of those precious children who were gunned down, described how it felt: "Not only did he ignore the 5-year remembrance completely — not even a single tweet — he slapped us all in the face by having none other than NRA President Wayne LaPierre at his White House Christmas party that night. The appalling lack of humanity and decency has not gone unnoticed."

You're a foul one, Mr. Trump.
You have termites in your smile.
You have all the tender sweetness of a seasick crocodile.
Mr. Trump,
Given a choice between the two of you, I'd take the seasick crocodile!

Today, when an Amtrak train flew off an overpass and landed on Interstate 5, just down the road from my house, the man who was elected President by the Electoral College (not the people) thought it would be a good idea to ignore the victims of the horrific crash and tweet instead about his non-existent infrastructure plan:

The train accident that just occurred in DuPont, WA shows more than ever why our soon to be submitted intrastructure plan must be approved quickly. Seven trillion dollars spent in the Middle East while our roads, bridges, tunnels, railways (and more) crumble! Not for long!

Apparently his minions scrambled quickly to get him to offer sympathy for the victims, and a kinder, gentler tweet appeared about ten minutes later.

The minions are always scrambling.

You're a foul one, Mr. Trump.
You're a nasty, wasty skunk.
Your heart is full of unwashed socks,
Your soul is full of gunk.
Mr. Trump,
The three words that best describe you are as follows, and I quote:
"Stink, stank, stunk!"

This man who was elected President by the Electoral College (not the people) is cruel, hateful, boorish, ignorant, and extremely dangerous. This is not news. It's just that today ~ maybe because the train tragedy hit so close to home ~ I was gobsmacked by how ashamed I am that he is our President.

Dorothy Day, founder of the Catholic Worker Movement, once said: "We have all known the long loneliness and we have learned that the only solution is love and that love comes with community."
Love and community are kryptonite for bullies. There is nothing more threatening to this man who was elected President by the Electoral College (not the people). Breaking down barriers and shining light on schemes and walls and every other attempt to divide and dehumanize us ~ that's what love and community can do; and in our current reality, that is what we must do.

You're a monster, Mr. Trump,
Your heart's an empty hole . . .

We have no intention of falling into it.


                           ¡Feliz Navidad!

Sunday, November 19, 2017

reclaiming the birches/recuperando los abedules


It's a death camp named after trees: Birkenau, Land of the Birches. 1.2 million people deemed "undesirable" by the Nazis were murdered there and at the adjoining camp, Auschwitz ~ gassed and then cremated. Most were Jews. Their bodies were pillaged after death, with gold fillings yanked out and hair shaved from lifeless heads ~ hair that, after being disinfected and dried, was sent back to Germany to stuff mattresses.

This is a place of unspeakable horror.

Yet the woods throughout the camp are beautiful, with trees dropping their golden leaves when we visited. Beautiful and haunted. If you stop and quiet your mind, you can feel the souls calling out to be remembered.

Say our names. Don't let us be lost.

Ivana Hirschmann      Franz Pawlak           Alfred Ullman         
Pawel Bak                  Felix Nussbaum       Erich Solomon        
. . .          

Don't let us be lost to life. We are woven into your being. You know this, now that you have come to the Land of the Birches.

When I see birches bend to left and right
Across the lines of straighter darker trees
I like to think some boy's been swinging them.










(Picture on a placard in Birkenau woods, near the remains of Crematorium IV)


I cannot stop thinking of the little girl in the white coat. I want to imagine her swinging on the birches, playing and laughing. Instead, I see her staring intently ~ and perhaps fearfully ~ at the SS soldier who is taking her picture, her big brown eyes revealing a knowledge of suffering far beyond her years. She waits among the birches. She will be murdered before the day is through, along with everyone else in the picture. But they have to wait their turn. By 1944, when this picture was taken, so many people were being killed that they sometimes had to wait in the woods until there was room in the "showers".

Little Girl, Little Girl, you died on that long-ago day. But you are not lost to life. You are now woven into my being. I know this, now that I have visited the Land of the Birches.

Say our names. Don't let us be lost.

Herta Sara Ueberall        Karel Charvat                 Alois Handzel                   
Gustaaf Barnstyn            Paul Israel Angres          Irene Karczewski       
Jakup Abramczyk           Klara Ondicz                  Leo Lampie           
Kurt Hauser                    Armand Aranovitch        Szlama Chomont
. . . 

But swinging doesn't bend them down to stay
As ice-storms do. Often you must have seen them
Loaded with ice a sunny winter morning
After a rain. They click upon themselves
As the breeze rises, and turn many-colored
As the stir cracks and crazes their enamel.
Soon the sun's warmth makes them shed crystal shells
Shattering and avalanching on the snow-crust ~
Such heaps of broken glass to sweep away
You'd think the inner dome of heaven had fallen.
They are dragged to the withered bracken by the load,
And they seem not to break; though once they are bowed
So low for long, they never right themselves:
You may see their trunks arching in the woods
Years afterwards, trailing their leaves on the ground
Like girls on hand and knees that throw their hair
Before them over their heads to dry in the sun.















From Primo Levi's Survival at Auschwitz:

The climax came suddenly. 
The door opened with a crash, and the dark echoed with outlandish orders in that curt, barbaric barking of Germans in command which seems to give vent to a millennial anger. A vast platform appeared before us, lit up by reflectors. A little beyond it, a row of lorries, then everything was silent again. Someone translated: we had to climb down with our luggage and deposit it alongside the train. In a moment the platform was swarming with shadows. But we were afraid to break that silence: everyone busied himself with his luggage, searched for someone else, called to somebody, but timidly, in a whisper. 

A dozen SS men stood around, legs akimbo, with an indifferent air. At a certain moment they moved among us, and in a subdued tone of voice, with faces of stone, began to interrogate us rapidly, one by one, in bad Italian. They did not interrogate everybody, only a few: 'How old? Healthy or ill?' And on the basis of the reply they pointed in two different directions.

Everything was as silent as an aquarium, or as in certain dream sequences. We had expected something more apocalyptic: they seemed simple police agents. It was disconcerting and disarming. Someone dared to ask for his luggage: they replied, 'luggage afterwards'. Someone else did not want to leave his wife; they said, 'together again afterwards'. Many mothers did not want to be separated from their children: they said 'good, good, stay with child'. They behaved with the calm assurance of people doing their normal duty of every day. But Renzo stayed an instant too long to say goodbye to Francesca, his fiancée, and with a single blow they knocked him to the ground. It was their everyday duty.

In less than ten minutes all the fit men had been collected together in a group. What happened to the others, to the women, to the children, to the old men, we could establish neither then nor later: the night swallowed them up, purely and simply. Today, however, we know that in that rapid and summary choice each one of us had been judged capable or not of working usefully for the Reich; we know that of our convoy no more than ninety-six men and twenty-nine women entered the respective camps of Monowitz-Buna and Birkenau, and that of all the others, more than five hundred in number, not one was living two days later.

This is the reason why three-year-old Emilia died: the historical necessity of killing the children of Jews was self-demonstrative to the Germans. Emilia, daughter of Aldo Levi of Milan, was a curious, ambitious, cheerful, intelligent child; her parents had succeeded in washing her during the journey in the packed car in a tub with tepid water which the degenerate German engineer had allowed them to draw from the engine that was dragging us all to death.

Thus in an instant, our women, our parents, our children disappeared. We saw them for a short while as an obscure mass at the other end of the platform; then we saw nothing more.

(The original title of Levi's book was "Se questo è un uomo" ~ "If this is a Man".)



And so we sat in meditation on this same platform ~ place of nightmares, where soldiers cruelly sorted people, judging in an instant who was worthy to live and who was not. Since 1996 Zen Peacemakers has organized a retreat to Auschwitz every November. It is intentionally scheduled when the weather will be cold, to remind participants of the realities of the camp. We with our jackets and scarves and hats, bracing ourselves against the icy breeze; they, oh so long ago, with their flimsy "striped pajamas" and ill-fitting shoes, starved and tormented. There is, of course, simply no comparison. But we come to bear witness, in some small way, not only to their suffering, but also to their lives ~ these people who, like all of us, had hopes and dreams and loves. Each day we read their names at the end of our meditation session. The names blended together into a chant, a song of deep lament and love.

Little Girl, Little Girl, I honor the lost potential of your life. You died on that long-ago day, but you are not lost to life. You are now woven into my being. I know this, now that I have visited the Land of the Birches. 

Say our names. Don't let us be lost.

Julius Baar            Vilma Heikorn     Emma Wagner
Kurt Lutz Sabel     Max Rack            Josef Ciuran
Gottlieb Lada        Fajga Rajchert     Bruna Heller
Jan Chmiel            Hyman Pach        Waleria Nawrocki
Freida Hecht         Fritz Danziger      Leo Israel Nasielski
. . .

But I was going to say when Truth broke in
With all her matter-of-fact about the ice storm
I should prefer to have some boy bend them
As he went out and in to fetch the cows ~
Some boy too far from town to learn baseball,
Whose only play was what he found himself,
Summer or winter, and could play alone.
One by one he subdued his father's trees
By riding them down over and over again
Until he took the stiffness out of them,
And not one but hung limp, not one was left
For him to conquer.

Play. There was no playing here. The children who were allowed to live were warehoused in a cold, damp barracks. Crowded into bunks, they would often find themselves next to other little ones who were gravely ill or dying. Separated from their parents and cut off from everything they loved, they lived in constant fear. Especially for the older ones, one step out of line could mean a bullet in the head.

Some in our group sang haunting Yiddish and German lullabies. We wept.


















Little Girl, Little Girl, these haunting lullabies are for you. You died on that long-ago day, but you are not lost to life. You are now woven into my being. I know this, now that I have visited the Land of the Birches. 

Say our names. Don't let us be lost.

Hersch Daar              Bernhard Adrien         Hans Israel Sachs
Debora Dabrowski    Moses Anger              Emilia Levi
Raphael Pais             David Apel                 Louis Pach
Anna Daniel              Nathan Kaanis            Lily Pachtinger
Szmuel Kamisnki      Armand Aranovitch   Sara Danemans
Rudolf Hacker           Jeanne Hamm            Leib Sagan
. . .

He learned all there was
To learn about not launching out too soon
And so not carrying the tree away
Clear to the ground. He always kept his poise
To the top branches, climbing carefully
With the same pains you use to fill a cup
Up to the brim, and even above the brim.
Then he flung outward, feet first, with a swish,
Kicking his way down through the air to the ground.
So was I once myself a swinger of birches.
And so I dream of going back to be.
It's when I'm weary of considerations,
And life is too much like a pathless wood
Where your face burns and tickles with the cobwebs
Broken across it, and one eye is weeping
From a twig's having lashed across it open.























The pictures, the pictures ~ ordinary family pictures that prisoners had packed to keep their loved ones close to their hearts. That these pictures exist is a miracle ~ the Nazis had no use for "worthless" items like these, and these inconvenient reminders of their prisoners' humanity were always discarded. But one intrepid soul buried a suitcase filled with these ordinary treasures, and they were found after liberation. They are now displayed in the "sauna" building, where people were subjected to degrading disinfection procedures, showers, and interminable waits while soaking wet, before being sent to their barracks.

We walked among these beautiful faces, so full of life, and cried softly. No words. No words.



Little Girl, Little Girl, you died on that long-ago day, but you are not lost to life. You are now woven into my being. 
I know this, now that I have visited the Land of the Birches. 
I will never forget you.

Say our names. Don't let us be lost.

Pauline Heid          Salomon Waas          Marianna Glob
Samuel Cantor       Marjanna Radwan    Alexander Lang
Helena Nadra         Franziska Wagner    Julia Labuzek
Bronislaw Cias       David Glick              Ludwik Oman
Maria Rebstock      Jerzy Salata              Helene Backer
Kurt Hauser           Alois Gacka               Markus Israel Landau
Joseph Raphael      Zofia Sada                Leon Tabaka
. . .

I'd like to get away from earth awhile
And then come back to it and begin over.
May no fate willfully misunderstand me
And half grant what I wish and snatch me away
Not to return. Earth's the right place for love:
I don't know where it's likely to go better.
I'd like to go by climbing a birch tree,
And climb black branches up a snow-white trunk
Toward heaven, till the tree could bear no more,
But dipped its top and set me down again.
That would be good both going and coming back.
One could do worse than be a swinger of birches. 

Robert Frost, "Birches"

The night before we left, we sat for hours in one of the cold, damp barracks. The intense physical and spiritual darkness of that experience was overwhelming.

We live in dark times. I so want to learn how to walk through that darkness ~ to bear witness to it ~ without losing my joy.  I want to swing the birches and grieve the pain. That is why I ended up at Birkenau, The Land of the Birches, with the Zen Peacemakers.

What does the Lord ask of you? Only this: that you act justly, love tenderly, and walk humbly with your God.  (Micah 6:8)

The Hebrew prophet's wisdom is not unlike the Three Tenets of the Zen Peacemakers:

Not Knowing ~ Giving up all preconceptions; being totally open to a situation, observing and listening deeply.

Bearing Witness ~ Being totally present in a situation, bearing witness to the joy and suffering that we encounter. Not running away, but becoming intimate with whatever is present ~ disease, war, poverty, death.

Loving Actions ~ Actions that naturally arise when one enters a situation in the state of not-knowing and then bears witness to that situation.

Roshi Bernie Glassman, who along with Eve Marko and Andrzej Krajewski founded the Auschwitz Bearing Witness Retreat, told us that when he first got the idea for this retreat, he talked with a rabbi friend of his. The rabbi liked the idea, but offered this advice: "Start with the living. End with the living." And so it was. The retreat ended with a lively Shabbat service and meal. I hold the memory of that, especially the joy of celebrating with so many new soul-friends. But we are all haunted by what we saw. It's an important haunting, and the spirits are now woven in our souls.

Earth's the right place for love. I don't know where it's likely to go better ... 

I am grateful beyond belief to the founders: Bernie, Eve, and Andrzej; the organizers, especially Rami and Lilli; Rabbi Shir; and all the facilitators, spirit holders, and fellow companions on this journey. Thank you, thank you, thank you.



recuperando los abedules

Es un campo de concentración que lleva el nombre de árboles. Birkenau: Tierra de los Abedules. 1,2 millones de personas, clasificados como "indeseables" por los Nazis, fueron asesinados allí y en el campo contiguo, Auschwitz ~ gaseados y luego incinerados. La mayoría eran judíos. Sus cuerpos fueron saqueados después de la muerte, con el oro arrancado de los dientes y el cabello afeitado de las cabezas sin vida. Después de desinfectar y secarlo, el pelo fue mandado a Alemania para llenar los colchones.

Este es un lugar de brutalidad salvaje.

Pero los bosques en el campo son bellos, y las hojas doradas caían cuando visitamos. Bello y embrujado. Si te detienes y calmas tu mente, puedes sentir las almas, llamando para que no se olviden.

Digan nuestros nombres. No nos dejen perderse.

Ivana Hirschmann     Franz Pawlak         Alfred Ullman
Pawel Bak                 Felix Nussbaum     Erich Solomon
. . .

No nos dejen perderse de la vida. Estamos tejidos en sus almas. Saben esto, ya que han venido a la Tierra de los Abedules.

Cuando veo abedules oscilar a derecha
y a izquierda, ante una hilera de árboles más oscuros,
me complace pensar que un muchacho los mece.









(Foto del bosque de Birkenau, cerca de las ruinas del Crematorio IV)



No puedo dejar de pensar en la niñita del abrigo blanco. Quiero imaginarla meciendo en los abedules, jugando y riéndose. Pero la veo mirando fijamente ~ y quizá con miedo ~ al soldado SS que toma su foto, sus grandes ojos cafés mostrando una experiencia del sufrimiento más allá de sus años. Espera entre los abedules. La asesinarán ~ junta con todas las personas que se ven en la foto, antes que termine el día. Pero tienen que esperar su turno. Para 1944, la fecha de esta foto, los Nazis mataban a tantos que a veces tenían que esperar en el bosque hasta que fuera lugar en las "duchas".

Ay, Niñita, Niñita, moriste hace tanto tiempo. Pero no estás perdida de la vida. Ahora estás tejida en mi alma. Esto sé, ya que he visitado la Tierra de los Abedules.

Digan nuestros nombres. No nos dejen perderse . . . 

Herta Sara Ueberall    Karel Charvat              Alois Handzel
Gustaaf Barnstyn        Paul Israel Angres       Irene Karczewski
Jakup Abramczyk       Klara Ondicz               Leo Lampie
Kurt Hauser                Armand Aranovitch     Szlama Chomont
. . . 

Pero no es un muchacho quien los deja curvados,
sino las tempestades. A menudo hemos visto
los árboles cargados de hielo, en claros días
invernales, después de un aguacero.
Cuando sopla la brisa se les oye crujir
se vuelven irisados cuando se resquebraja
su esmaltada corteza. Pronto el sol les arrance
sus conchas cristalinas, que mezcla con la nieve ~
Esas pilas de conchas esparcidas diríase
que son la rota cúpula interior de los cielos.
La carga los doblega hacia los mustíos
matorrales cercanos, pero nunca se quiebran,
aunque jamás podrán enderezarse solos:
durante muchos años las ramas de sus troncos
curvadas barrerán con sus hojas el suelo,
igual que arrodilladas muchachas con los sueltos 
cabellos hacia atrás y secándose al sol.















De "Si esto es un hombre" de Primo Levi

Nos soltaron de repente. Abrieron el portón con estrépito, la oscuridad resonó con órdenes extranjeras, con esos bárbaros ladridos de los alemanes cuando mandan, que parecen dar salida a una rabia secular. Vimos un vasto andén iluminado por reflectores. Un poco más allá, una fila de autocares. Luego, todo quedó de nuevo en silencio. Alguien tradujo: había que bajar con el equipaje, dejarlo junto al tren. En un momento el andén estuvo hormigueante de sombras: pero teníamos miedo de romper el silencio, todos se agitaban en torno a los equipajes, se buscaban, se llamaban unos a otros, pero tímidamente, a media voz.

Una decena de SS estaban a un lado, con aire indiferente, con las piernas abiertas. En determinado momento, empezaron a andar entre nosotros y, en voz baja, con rostros de piedra, empezaron a interrogarnos rápidamente, uno a uno, en mal italiano. No interrogaban a todos, sólo a algunos. "¿Cuántos años? ¿Sano o enfermo?" Y según la respuesta nos señalaban dos direcciones diferentes.

Todo estaba silencioso como en un acuario, y como en algunas escenas de los sueños. Esperábamos algo más apocalíptico y aparecían unos simples guardias. Era desconcertante y desarmante. Hubo alguien que se atrevió a preguntar por las maletas: contestaron: "maletas después"; otro no quería separarse de su mujer: dijeron "después, otra vez juntos"; muchas madres no querían separarse de sus hijos: dijeron "bien, bien, quedarse con hijo". Siempre con la tranquila seguridad de quien no hace más que su oficio de todos los días; pero Renzo se entretuvo un instante de más al despedirse de Francesca, que era su novia, y con un solo golpe en mitad de la cara lo tumbaron en tierra; era su oficio de cada día.

En menos de diez minutos todos los que éramos hombres útiles estuvimos reunidos en un grupo. Lo que fue de los demás, de las mujeres, de los niños, de los viejos, no pudimos saberlo ni entonces ni después: la noche se los tragó, pura y simplemente. Hoy sabemos que con aquella selección rápida y sumaria se había decidido de todos y cada uno de nosotros si podía o no trabajar útilmente para el Reich; sabemos que en los campos de Buna-Monowitz y Birkenau no entraron, de nuestro convoy, más que noventa y siete hombres y veintinueve mujeres y que de todos los demás, que eran más de quinientos, ninguno estaba vivo dos días más tarde. 

Así murió Emilia, que tenía tres años; ya que a los alemanes les parecía clara la necesidad histórica de mandar a la muerte a los niños de los judíos. Emilia, hija del ingeniero Aldo Levi de Milan, que era una niña curiosa, ambiciosa, alegre e inteligente a la cual, durante el viaje en el vagón atestado, su padre y su madre habían conseguido bañar en un cubo de zinc, en un agua tibia que el degenerado maquinista alemán había consentido en sacar de la locomotora que nos arrastraba a todos a la muerte.

Desaparecieron así en un instante, a traición, nuestras mujeres, nuestros padres y madres, nuestros hijos e hijas. Casi nadie pudo despedirse de ellos. Los vimos un poco de tiempo como una masa oscura en el otro extremo del andén, luego ya no vimos nada.


















Así nos encontramos sentados en esta misma plataforma ~ sitio de pesadillas, donde los soldados cruelmente clasificaron a la gente, juzgando en un instante, quien merecía vivir y quien no. Desde 1996, cada noviembre, Zen Peacemakers ha organizado un retiro a Auschwitz. Es una fecha intencionada, cuando hace frío, para recordar a los participantes las realidades del campo. Nosotros con nuestras chamarras y bufandas y gorras, protegiéndonos del viento helado; ellos, hace tanto tiempo, con sus piyamas de raya y zapatos que no les quedaban, atormentados y muriendo de hambre. Claro, no hay ninguna comparación. Pero vinimos a ser testigos (Bear Witness), humildemente, a su sufrimiento, pero también a sus vidas ~ estas personas que, como todos nosotros, tenían esperanzas y sueños y amores. Cada día, al final de la sesión de meditación, leíamos sus nombres, nombres que se mezclaban para formar un canto, una canción de profunda lamentación y amor.

Ay, Niñita, Niñita, honro la potencial perdida de tu vida. Moriste hace tanto tiempo, pero no estás perdida de la vida. Ahora estás tejida en mi alma. Esto sé, ya que he visitado la Tierra de los Abedules. 

Digan nuestros nombres. No nos dejen perderse . . . 

Julius Baar            Vilma Heidorn    Emma Wagner
Kurt Lutz Sabel     Max Rack           Josef Ciuran
Gottlieb Lada        Fajga Rajchert     Bruna Heller
Jan Chmiel            Hyman Pach       Waleria Nawrocki
Freida Hecht         Fritz Danziger     Leo Israel Nasielski
. . .

Más cuando la Verdad se me interpuso
en la forma de un hecho como la tempestad,
iba a decir que quizás un muchacho,
yendo a buscar las vacas, inclinaba los árboles ~
Un muchacho que por vivir lejos del pueblo
sólo sabe jugar, en invierno o en verano,
a juegos que ha inventado para jugar él solo.
Ha domado los árboles de su padre uno a uno
pasando por encima de ellos tan a menudo
que nada les dejó de su tiesura.
A todos doblegó; no dejó ni uno solo
sin conquistar.

Jugar. Aquí no se jugaba. Los niños a quienes permitieron vivir estaban detenidos en un barracón frío y húmedo. Muchas veces se encontraban juntos a niños moribundos o gravemente enfermos, en literas abarrotadas. Separados de sus madres y alejados de todo lo que amaban, vivían con miedo constante. Especialmente para los más grandes, un paso en falso podría provocar una bala a la cabeza.

Algunos miembros de nuestro grupo cantaron canciones de cuna en yiddish y alemán. Nos conmovieron hasta las lágrimas.


















Ay, Niñita, Niñita, estas inolvidables canciones de cuna son para ti. Moriste hace tanto tiempo, pero no estás perdida de la vida. Ahora estás tejida en mi alma. Esto sé, ya que he visitado la Tierra de los Abedules. 

Digan nuestros nombres. No nos dejen perderse.

Hersch Daar              Bernhard Adrien         Hans Israel Sachs
Debora Dabrowski    Moses Anger              Emilia Levi
Raphael Pais             David Apel                 Louis Pach
Anna Daniel              Nathan Kaanis            Lily Pachtinger
Szmuel Kamisnki      Armand Aranovitch   Sara Danemans
Rudolf Hacker           Jeanne Hamm            Leib Sagan
. . .

Aprendió la manera
de no saltar de un árbol sin haber conseguido
doblarlo contra el suelo. Conservó el equilibrio
hasta llegar arriba, trepando con cuidado,
con la misma destreza que uno emplea al llenar
la copa hasta el borde, y aun arriba del borde.
Entonces, de un envión, disparaba los pies
hacia afuera y saltaba del aire hasta la tierra.
Yo fui también, antaño, un columpiador de árboles;
muy a menudo sueño en que volveré a serlo,
cuando me hallo cansado de mis meditaciones
y la vida parece un bosque sin caminos
donde, al vagar por él, sentirnos en la cara
ardiente el cosquilleo de rotas telarañas,
y un ojo lagrimea a causa de una brizna.























Ah, las fotos, las fotos ~ fotos de familia ordinarias que los prisioneros llevaban en sus maletas para mantener cercanos a sus corazones sus seres queridos. Es un milagro que estas fotos existan ~ para los Nazis no tenían valor, y estos recuerdos inconvenientes de la humanidad de sus prisioneros eran siempre tirados. Pero una persona intrépida enterró una maleta llena de estos tesoros ordinarios, y la encontraron después de la liberación. Ahora están en el edificio "sauna", donde la gente fue sujetada a intervenciones humillantes de desinfección, duchas frías, y esperas interminables, parados totalmente mojados, antes de ser mandados a sus barracones.

Caminábamos en medio de estas hermosas caras, tan llenas de vida, y llorábamos. No hay palabras. No hay palabras.


Ay, Niñita, Niñita. Moriste hace tanto tiempo, pero no estás perdida de la vida. 
Ahora estás tejida en mi alma. 
Esto sé, ya que he visitado la Tierra de los Abedules. 
Jamás te olvidaré.

Digan nuestros nombres. No nos dejen perderse.

Pauline Heid          Salomon Waas          Marianna Glob
Samuel Cantor       Marjanna Radwan    Alexander Lang
Helena Nadra         Franziska Wagner    Julia Labuzek
Bronislaw Cias       David Glick              Ludwik Oman
Maria Rebstock      Jerzy Salata              Helene Backer
Kurt Hauser           Alois Gacka               Markus Israel Landau
Joseph Raphael      Zofia Sada                Leon Tabaka
. . .

Quisiera alejarme de la tierra algún tiempo,
para luego volver y empezar otra vez.
Que jamás el destino, comprendiéndome mal,
me otorgue la mitad de lo que anhelo
y me niegue el regreso. Nada hay, para el amor,
como la tierra; ignoro si existe mejor sitio.
quisiera encaramarme a un abedul, trepar,
por las ramas oscuras del blanquecino tronco
y subir hacia el cielo, hasta que el abedul,
doblándose vencido, me volviese a la tierra.
Subir y regresar sería muy hermoso.
Pues hay cosas peores en la vida que ser
un columpiador de abedules.

Robert Frost, "Abedules"

La penúltima noche del retiro, nos sentamos por horas en uno de los barracones fríos y húmedos. La intensa oscuridad física y espiritual de esa experiencia fue abrumadora.

Vivimos en tiempos oscuros. Quisiera aprender a caminar por esa oscuridad ~ ser testiga a ella ~ sin perder mi alegría. Quisiera columpiar abedules y sentir el duelo. Por eso, fui a Birkenau, La Tierra de los Abedules, con los Zen Peacemakers.

¿Qué es lo que el Señor te pide? Sólo esto: que practiques la justicia, ames con ternura, y camines humildemente con tu Dios. (Miqueas 6:8)

La sabiduría del profeta ebreo se parece a los Tres Principios de los Zen Peacemakers:

No Saber: Dejar todas las ideas preconcebidas y opiniones; estar totalmente abiertos a una situación, observando y escuchando profundamente.

Ser Testigos: Estar totalmente presente en una situación, siendo testigos a la alegría y el sufrimiento que se encuentre. No huirse, hacerse íntimos con lo que esté presente ~ enfermedad, guerra, pobreza, muerte.

Acciónes Compasivas: Acciones que aparecen naturalmente cuando entramos a una situación en el estado de No Saber y Siendo Testigos.

Roshi Bernie Glassman, que con Eve Marko y Andrzej Krajewski, fundó el Auschwitz Bearing Witness Retreat, nos dijo que cuando le llegó la idea de hacer este retiro, habló con un amigo suyo que es rabino. Al rabino, le gustó la idea, pero le dio este consejo: "Comienza con los vivos. Termina con los vivos." Y así fue. El retiro terminó con una celebración muy alegre de Shabbat y con una fiesta. Llevo el recuerdo de eso, especialmente la alegría de celebrar con tantos nuevos amigos del alma. Pero todos estamos poseídos por lo que hemos visto. Es un posesión importante, y los espiritus están ahora tejidos en nuestras almas.

Nada hay, para el amor, como la tierra; ignoro si existe mejor sitio . . . 
Earth's the right place for love. I don't know where it's likely to go better ... 

Estoy increíblemente agradecida a los fundadores: Bernie, Eve, and Andrzej; los organizadores, especialmente Rami y Lilli; Rabbi Shir; y todos los facilitadores y compañeros y compañeras en esta jornada. Gracias, gracias, gracias.

Friday, October 20, 2017

WHY-fi


We're sorry, Ladies and Gentlemen, but the Wi-Fi is down 
and cell reception is poor, at best.

                                                                           WHY?

I have Wi-Fi, therefore I am.
Without it, am I?
Am EYE?
And WHY --
       Fi, that is.
WHY Fi anyway?
Wi-not look up and out and over
                            (inside is nice, too)

                                                                             Wi-not wake up?

Wi-not, I ask you
WHY NOT?

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These silly poetic musings are dedicated, with a smile, to the very nice man who walked right into me today, preoccupied with God Knows What on his phone. He apologized profusely. May he be safe.

Wednesday, August 9, 2017

the cypresses believe in god/los cipreses creen en dios

(Traducción al español a continuación)

All stories are true. Some of them actually happened.
~ John Shea


"Look, Daddy, that lady is riding the tree like it's a horse!" Sure enough, that's what I was doing. Minutes earlier I had heard the cypress tree in the park calling my name, and I straddled her low-lying trunk to listen. I don't know if I heard her with my ears or with my heart, but her message went something like this:

Oh, I've been trying to get your attention for years, but you always walk right on by. Today you felt my presence. Good for you.

Come on over. Take a load off and sit down for awhile. I've been here for 122 years ~ Can you believe it? ~ so I've seen a thing or two. And I have a great lap. A number of great laps, actually. Come on over. Have a seat on your favorite. Stop. And listen. I have many stories to tell that you won't hear anywhere else.

Truth is, the stories already dwell in your heart. You might say that they're collective wisdom. It's my job to help you remember so they don't get lost in the busyness of your life.  When you sit with me and shut up quiet your mind and your mouth (and turn off the damn cellphone for a bit), you'll feel it.

Shhhh . . . Don't you feel it?

You'll have to forgive my salty language. I've loosened up over the years, and I am more frank than I used to be. Desperate times demand desperate measures, don't you think? Reminds me of Eliot's Prufrock. You know, the "I have measured out my life with coffee spoons" guy. Oh, there's simply no time for that kind of despair anymore, if there ever was. A more modern rendering might be, "I have measured out my life in tweets and updates." No time for that, either. We must be bold. And awaken. Listen, listen . . . and remember the wisdom.

"And indeed there will be time
To wonder, 'Do I dare? Do I dare?"

(My friend, the Cypress, really does have a thing for Prufrock.)

No time to wonder. Just dare. 
Dare to be awake. 
Dare to stop and listen deeply. 
Dare to be as rooted as I am, here and now.
(122 years ~ did I already mention that?) 
Dare to love yourself.
(That's the hardest thing) 
Dare to love your life,
the "full catastrophe", as Zorba would say. 
(Almost as hard)
Dare to LOVE.

Do it, and  you will come to feel how gloriously intertwined we all are. Once that happens, fasten your seatbelt, my friend, for nothing will ever be the same.

Listen, listen . . . and remember.

(The remarkable Lawson Cypress tree in this 100% true story can be found in Wright Park, Tacoma, just down the path from the corner of So. I and Division. I borrowed the title of this post from José María Gironella's novel about the Spanish Civil War. Truth be told, I like the title better than the novel itself.)

Posted August 9, 2017
72nd Anniversary of the Atomic Bombing of Nagasaki, Japan
Never again
No fire. No fury.
May we work for peace.

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los cipreses creen en dios



Todas las historias son verdaderas. Algunas sucedieron en realidad.
~ John Shea

"Mira, Papi, esa señora está montando en el árbol como si fuera un caballo!" Y sí, es lo que hacía. Unos minutos antes, había oído al arbol ciprés en el parque, llamando mi nombre, y me senté a horcadajas en su tronco bajo para escuchar. No sé si la oí (es femenina) con mis oídos o con mi corazón, pero su mensaje fue algo así:

Ah, hace muchos años que he tratado de captar tu atención, pero siempre me pasas sin mirar. Hoy sentiste mi presencia. ¡Excelente!

Ven acá. Descansa y siéntate un rato. He estado aquí por 122 años ~ ¿Lo crees? ~ y he visto muchas cosas. Tengo un regazo fantástico. En realidad, tengo varios regazos. Acércate. Toma asiento en tu favorito. Deténte. Y escucha. Tengo muchas historias que contarte que no escucharás en cualquier otra parte.

Pues, la verdad es que estas historias ya habitan en tu corazón. Podrías decir que son la sabiduría colectiva. Es mi trabajo ayudarte a recordarla para que no se pierda en las responsabilidades de tu vida. Cuando te sientas conmigo y te callas calmas tu mente y tu boca (y apagas el maldito celular unos minutos), lo sentirás.

Shhhh . . . ¿No lo sientes?

Perdona mi lenguaje saleroso. Me he relajado durante los años, y ahora soy más directa. A tiempos desesperados medidas desesperadas, no crees? Me recuerda a Prufrock de Eliot. Tú sabes: "He medido mi vida con cucharillas de café." Ay, ya no hay tiempo para esa clase de desesperación, si alguna vez hubiera. Una interpretación más moderna sería: "He medido mi vida con tweets y actualizaciones." No hay tiempo para eso tampoco. Debemos ser audaces. Y despertarnos. Escucha, escucha . . . y recuerda la sabiduría.

"Y desde luego habrá tiempo
Para preguntarme, '¿Me atrevo? ¿Me atrevo?"

(Mi amiga, la ciprés, sí tiene una atracción a Prufrock)

No hay tiempo para preguntarte. Atrévete.
Atrévete a despertarte.
Atrévete a detenerte y escuchar profundamente.
Atrévete a estar tan cimentada como yo, aquí y ahora.
(122 años ~ ¿ya te lo mencioné?)
Atrévete a amarte a ti misma.
(Es la cosa más difícil)
Atrévete a amar tu vida,
la "gran catástrofe", como dice Zorba
(Casi igual de difícil)
Atrévete a AMAR

Hazlo, y llegarás a sentir la conexión que todos compartimos, gloriosamente entrelazados. Y cuando suceda eso, pues abróchate el cinturón de seguridad, amiga, porque nada volverá a ser lo mismo. 

Escucha, escucha  . . . y recuerda.

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(El extraordinario árbol ciprés en esta 100% verdadadera historia se encuentra en Wright Park en Tacoma, WA, en el sendero que baja de la esquina de las calles I y Division. Pedí prestado el título para este post de la novela de José María Gironella de la guerra civil española. La verdad, me gusta más el título que la novela.)

Publicado el 9 de agosto, 2017
Aniversario 72 del bombardeo atómico de Nagasaki, Japón
¡Nunca jamás!
No fire. No fury.
Que trabajemos por la paz.

Sunday, May 21, 2017

i don't know why, and neither do you/no sé por qué, ni tú tampoco



Please be quiet.
Stop saying I'm in a better place.
Your well-intentioned attempts at naming my current celestial whereabouts
are helpful to no one.
Well, maybe to you.
But this is not about you.
It's about a depth of sadness
that is almost untouchable.
Please stop trying to explain it away.
Stop talking about eternal glory
or cycles of existence,
with this cycle completed
and another about to begin,
as though my time here were nothing more
than an existential exercise.
I did not live to prove your dogmas.
I lived because, for a time, I was able to feel this good earth
beneath my feet,
(and that, in itself, was filled with meaning)
because I tried my best to honor
this shimmering mystery of life.
And because I did this well
I am deeply missed.
Miss me.
Speak of me with love
but also with candor
(the messiness being part of who I was)
Hold those who loved me most.
And remember:
I lived.
I loved.
I left.
I don't know why.
And neither do you

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Por favor, deja de hablar.
Deja de decir que estoy en un lugar mejor.
Tus intentos bien intencionados a nombrar mi paradero celestial
no ayudan a nadie.
Pues, tal vez a ti.
Pero esto no tiene que ver contigo.
Es una profundidad de tristeza
casi intocable.
Por favor, deja de tratar de explicarlo.
Deja de hablar de la gloria eterna
o los ciclos de la existencia,
con este ciclo terminado,
y otro por empezar pronto,
como si mi tiempo aquí no fuera más que
un ejercicio existencial.
No viví para comprobar tus dogmas.
Viví porque, por un tiempo, pude sentir esta buena tierra
debajo de mis pies,
(y eso, en sí, estaba lleno de significado)
porque intenté, lo mejor que pude, honrar
este misterio centelleante que es la vida.
Y ya que lo hice bien
me extrañan profundamente.
Extráñame.
Habla de mi con amor
pero también con honestidad
(la inquietud formando parte de quien fui)
Abraza a los que más me amaban.
Y recuerda:
Viví.
Amé.
Me fui.
No sé por qué
ni tú tampoco.