Sunday, September 18, 2016

crone's sabbath

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Blame it on Emily. I was reading her sabbath poem, and it came alive. Just like that.

Some keep the Sabbath going to church ~
I keep it, staying at Home ~
With a Bobolink for a Chorister ~
And an orchard, for a Dome.

Some keep the Sabbath in Surplice ~
I just wear my Wings ~
And instead of tolling the Bell, for Church,
Our little Sexton ~ sings.

God preaches, a noted Clergyman ~
And the sermon is never long
So instead of getting to Heaven, at last ~
I'm going all along.

(Emily Dickinson, #324)

I find myself dancing around my house and I can't stop smiling, swaying to music only I can hear. It's a little crazy, and oh, so wonderful. The sun is streaming through the windows on this crisp autumn morning and, as Emily describes, the birds are singing ~ though I think they are mostly doing it to torment the cat, who indulges them by chirping, kitty-style, right back at them. But I am not paying them much attention, because I am dancing and I can't stop smiling. No orchard here. In its place, my blessed home space, where movements of spirit and soul percolate, to emerge in tangible form. People, experiences, challenges of the past week become the melody ~ that is, until Leonard Cohen comes to visit. Then the sultry Dance Me to the End of Love starts to play.

Dance me through the panic till I'm gathered safely in . . . 

The layers of my challenging-joyful week are starting to fall away. I am dancing and I can't stop smiling. It goes on and on. There have been notable partners throughout my life, but today, on this crone's sabbath, the dance is all mine.

In Jon Stewart's film, Rosewater, there is a striking scene in which Iranian journalist Maziar Bahari (portrayed by Gael García Bernal) is dancing around his prison cell, having just found out that he will soon be freed. The song in his head ~ you guessed it ~ is Dance Me to the End of Love. 



It's an extraordinary thing to truly rest, to feel the heaviness lift and to remember, in the depths of our souls, who we are. Maziar's prison was terrifying and very, very real. Our prisons are often symbolic: prisons of excessive responsibility, of overwork and worry, competition and incessant connectivity. The Sabbath challenges us. Taste freedom. Rest. Breathe. Look around you and savor. If you do, you may find that you will be able to greet the morn with hope and a renewed spirit.

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crone's sabbath
(domingo de la "crone", palabra que significa mujer madura y sabia)

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Échale la culpa a Emily. Leía su poesía sobre el domingo (Sabbath, día de descanso), y se hizo viva. Así no más.

Algunos guardan el domingo yendo a la iglesia ~
Yo lo guardo quedándome en Casa ~
Con un tordo como Cantor ~
Y un manzanar por Santuario.

Algunos guardan el domingo en vestes blancas ~
Yo sólo utilizo mis alas ~
Y en vez del replicar de las campanas de la iglesia ~
Nuestro pequeño sacristán canta

Dios predica, un predicador admirable ~
Y el sermón es siempre corto ~
Así, en vez de ir al Cielo, al final ~
Voy llegando en todo momento.

(Emily Dickinson, #324)

Me encuentro bailando por mi casa y no puedo dejar de sonreír, moviéndome suavemente a la música que sólo yo puedo oír. Es un poco loco, y tan maravilloso. El sol brilla por las ventanas en esta mañana fresca de otoño y, como lo describe Emily, los pájaros están cantando ~ pero creo que lo hacen principalmente por molestar al gato, que les responde piando, a su manera. Pero no les hago mucho caso, porque estoy bailando y no puedo dejar de sonreír. No hay manzanar aquí. En su lugar, mi hogar bendito, donde los movimientos del espíritu y del alma se cocinan a fuego lento, para salir en forma tangible. Personas, experiencias, desafíos de la semana pasada se vuelven melodía ~ hasta que Leonard Cohen llega a visitar. Entonces la canción seductora, Baílame hasta el final del amor, empieza a sonar.

Baílame a través del pánico y ponme a salvo . . . 

Las capas de mi semana feliz-exigente empiezan a caerse. Estoy bailando, y no puedo dejar de sonreír. Bailo y bailo. He tenido parejas notables en mi vida, pero hoy, en este domingo de la crone, la danza es toda mía.

En el film de Jon Stewart, Rosewater, hay una escena impresionante, en que el periodista iraní, Maziar Bahari (representado por Gael García Bernal) está bailando en su celda; acaba de enterarse de que pronto se va a liberar. La canción en su mente ~ ya lo adivinaste ~ es Baílame hasta al final del amor.



Es algo extraordinario, verdaderamente descansar, sentir que el desasosiego se levanta y recordar, en las profundidades de nuestras almas, quienes somos. La prisión de Maziar fue aterradora y muy, muy real. Nuestras prisiones son, muy a menudo, simbólicas: prisiones de la responsabilidad excesiva, de demasiado trabajo y ansiedad, de la competencia y la conectividad incesante. El Sabbath (domingo) nos desafía. Prueba la libertad. Descansa. Respira. Mira alrededor de ti y saborea lo que ves. Si lo haces, puede que descubras que podrás saludar al nuevo día con esperanza y un espíritu renovado.